TRABAJO CON PAN ES JUSTICIA. PAN CON TRABAJO ES DIGNIDAD

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Por Raúl Bermúdez

 

La fe cristiana de nuestro pueblo no sólo es profunda e intensa, es imprevisible. Desborda cualquier cálculo, incluso los eclesiales y políticos. Si algo no es domesticable esa es la religiosidad popular. Para ateos y agnósticos es incomprensible, inasible, aunque algunos académicos la analicen con seriedad desde la sociología de la religión y otros la acompañen respetuosamente desde la aceptación de su potencial liberador.

Para las “izquierdas” no nacionales es un fenómeno alienante ( Alien: el extraño que domina tu pensamiento). Para las “derechas” oligárquicas católicas, es una fe infantil que hay que usar y educar (Las comillas indican que izquierda y derecha son metáforas geométricas europeas, que consideramos poco aplicables a la política “de masas” en nuestra Patria).

San Cayetano es, tal vez, el santo católico más popular. La mayoría no tiene información ni le importa el hombre histórico Gaetano de Thiene (personaje inmenso, interesante, ejemplificador). Nuestro pueblo lo resignifica a su manera, como lo hace con todo lo que tiene a su alcance, para seguir viviendo.

Este viernes 7 de agosto, día del santo, el pueblo se movilizó, como lo venía haciendo en la semana en contra de la extranjerización de las tierras de mayor valor económico y estratégico, obligando a senadorxs nacionales que suelen vender su voto, a recular en chancleta.

Desde el santuario de Liniers partió la columna de trabajadores militantes hacia Plaza de Mayo, por avenida Rivadavia, con la conducción de las centrales sindicales: Confederación General del Trabajo (CGT), las dos Centrales de los Trabajadores y Trabajadoras de Argentina (CTA de lxs trabajadorxs y CTA Autónoma) y la Unión de Trabajadorxs de la Economía Popular (UTEP).

El frío invernal porteño acompañó la bendición de las herramientas de trabajo, antes de comenzar la marcha, a cargo del Arzobispo de Buenos Aires, monseñor Jorge García Cuerva, que desplegó un discurso (una “homilía” o “sermón” en términos eclesiásticos) “de barricada”, señalando la distancia de vida entre la dirigencia y el pueblo, en particular de las personas más pobres. Entre tanto multitudes, avanzaban lentamente por las calles de Liniers para ingresar al santuario y ver o tocar la imagen del santo.

El Área Geográfica Reconquista (AGR) de General San Martín, tuvo su propia procesión. Desde Córdoba y avenida Eva Perón, donde hay una sede del Organismo Provincial de Integración Social Urbana (OPISU). Una convocatoria variopinta, donde confluyeron personas fieles de las capillas dependientes de las parroquias católicas del área, y militantes de las organizaciones sociales, culturales y políticas del territorio, con sus dirigentes y dirigentas al frente. Una importante presencia que hace imposible mencionar en esta nota, a todos y todas.

Alcanza como muestra, señalar que a la cabeza marcharon el obispo de San Martín, Martín Fassi y el intendente municipal, Fernando Moreira, acompañado por su Jefe de Gabinete, Andrés Alonso. La animación a cargo del padre Adolfo Benassi, párroco de Nuestra Señora del Rosario de Costa Esperanza, junto al móvil de FM Reconquista que transmitió por streaming, en directo, desde la procesión y la misa en la parroquia San Cayetano del barrio de Villa Hidalgo, ya por la noche. Allí esperaban su párroco, el padre Nibaldo Leal y los demás sacerdotes del área Reconquista. Previamente se hicieron paradas como en la escuela secundaria técnica de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) .

¿Por qué caminar bordeando la ruta Camino del Buen Ayre, de tan poca visibilidad para la inmensa población de José León Suárez? Tal vez por varias razones. La primera y más simple, es la ruta más corta que une Loma Hermosa con Villa Hidalgo, los dos extremos del distrito de General San Martín, entre los límites con Tres de Febrero y San Isidro.

Pero también esta procesión recorrió, más o menos, el espacio de un proyecto -demorado por el freno de la obra pública impuesto por el gobierno nacional- el del “Camino del Borde”, que unirá la ruta 8 con la ruta Panamericana, bordeando el Camino del Buen Ayre, uniendo los barrios populares, y convirtiendo el “fondo” de José León Suárez, en un nuevo “frente” de acceso a nuestra ciudad.

Veamos el trasfondo religioso: Caminar por donde nadie mira, o pasa de largo desde la ruta, “el fondo” de los barrios populares. A su margen habitan las familias más olvidadas, las más pobres, las que más se inundan y chapalean en el barro, las que sobreviven desde tácticas de economía popular del “día a día”. Esa economía popular que el Cayetano histórico ayudó a organizar en su tiempo y su lugar. El viernes pasado su imagen, con el niño Dios en brazos y la espiga de trigo con la que se produce el pan, acompañada de imágenes de María de Nazareth, la mamá de Jesús, y de banderas y carteles con consignas sociales y políticas, pasó por allí.

Algunas pancartas traían al presente el lema de los Almacenes Populares “San Cayetano”, una iniciativa que nac para enfrentar a la hiperinflación del año 1989 y que dice así: “Trabajo sin pan es explotación. Pan sin trabajo es humillación. Por eso queremos trabajo con pan que es justicia y pan con trabajo que es dignidad”. La frase se atribuye al legendario “padre Pajarito” y su grupo de compañeros y compañeras. Aquel hippie sacerdote fundador del movimiento del “Buen Viaje” y sus históricos “Galpones” que nacieron de encuentros con jóvenes al margen de “la ley y el orden” que implantaba la última dictadura cívico-militar en Argentina.

Caminar en comunidad es eso: unir memoria, experiencia, esfuerzo y proyecto en el “rito” de andar acompañándonos. Es vivir en el cuerpo lo que significa ser pueblo, construyendo a cada paso una historia que siempre está en movimiento. Por eso los pueblos marchamos, peregrinamos, vamos “en procesiones”, en las que coinciden y se actualizan, vivencialmente, memorias y proyectos colectivos.

Jesús de Nazareth predicó que la fe puede mover montañas...también multitudes, que retoman senderos olvidados, a la vez que abren nuevos caminos, siempre apostando por la Vida, con una obstinación fascinante.